Hace 5 minutos José me contó de Almeira, la ciudad dorada, donde un instante es la eternidad. No le creí, pero no pude negarme cuando insistió en ir a buscarla.
Hace 5 horas salimos a buscar a Almeira, de palacios dorados. Él decía que la ciudad era como la niebla. Seguía sin creerle, pero preferí seguirle.
Hace 5 días salimos a buscar a Almeira, de calles doradas. Sin provisiones y sin mapa, estábamos perdidos. José decía que Almeira le llamaba. Parecía loco, pero no quería volver solo…
Hace 5 meses salimos a buscar a Almeira, de jardines dorados. Tras un tifón y un ataque de jaguares, encontramos el desierto. José decía que Almeira estaba tras el horizonte. Mentía, pero ¿Qué iba a hacer yo, volver con los Jaguares?
Hace 5 años salimos a buscar a Almeira, sobre nubes doradas. Planeaba deshacerme de José, pero encontramos a los Arnk-natkt, jinetes de escarabajos gigantes, recios pero amigables. Quería quedarme con ellos y convencí a José de descansar unos días.
Hace 5 décadas dejamos de buscar a Almeira... José quería volver y encontrarla, yo no. Mi vida eran los Arnk-natkt, no pensaba abandonarlos por nada. José murió desilusionado. Presa de la culpa, tomé su cadáver, lo conservé con alas de escarabajo, dejé a mi esposa e hijos y partí, a Almeira…
Atravesé el desierto y el mar de jade infinito. Atravesé el bosque de robles cuyas copas acariciaban la luna. Atravesé los médanos de perlas lunares. Crucé el mar de estrellas y satélites. Entre la Vía Láctea y Andrómeda, muy anciano, rogué por ver un instante Almeira… Entonces una luz me cegó, y supe que había llegado.
Me recibieron con festejos. Su Gran Sabio, longevo como el Sol, nos dio un elixir a mí y a José que le revivió y retorno nuestra juventud. Celebramos durante 5 siglos hasta que El Sabio indicó nuestro regreso. Partimos entre lágrimas; nuestros recuerdos, únicos tesoros.
Al salir, una luz nos envolvió y entonces… Allí estábamos, en el patio de la casa, niños otra vez y ansiosos de contarles a nuestros padres sobre nuestra travesía a Almeira.
Five minutes ago, José told me about Almeira, the golden city, where a single moment is eternity. I didn’t believe him, but I couldn’t refuse when he insisted on going to find it.
Five hours ago, we set out to find Almeira, with its golden palaces. He said the city was like mist. I still didn’t believe him, but I decided to follow him.
Five days ago, we set out to find Almeira, with its golden streets. Without provisions or a map, we were lost. José said Almeira was calling him. He seemed crazy, but I didn’t want to go back alone…
Five months ago, we set out to find Almeira, with its golden gardens. After a typhoon and an attack by jaguars, we found the desert. José said Almeira was beyond the horizon. He was lying, but what was I supposed to do? Go back to the jaguars?
Five years ago, we set out to find Almeira, above golden clouds. I planned to get rid of José, but we found the Arnk-natkt, riders of giant beetles, tough but friendly. I wanted to stay with them and convinced José to rest for a few days.
Five decades ago, we stopped searching for Almeira... José wanted to go back and find it; I didn’t. The Arnk-natkt were my life; I had no intention of abandoning them for nothing. José died disillusioned. Consumed by guilt, I took his body, preserved it with beetle wings, left my wife and children, and set out for Almeira…
I crossed the desert and the infinite jade sea. I crossed the oak forest whose treetops caressed the moon. I crossed the dunes of lunar pearls. I crossed the sea of stars and satellites. Between the Milky Way and Andromeda, very old, I begged to see Almeira for just a moment… Then a light blinded me, and I knew I had arrived.
They welcomed us with celebrations. Their Great Sage, as long-lived as the Sun, gave José and me an elixir that revived him and restored our youth. We celebrated for five centuries until the Sage signaled our return. We left amid tears; our memories, our only treasures.
As we stepped out, a light enveloped us, and then… There we were, in the courtyard of the house, children once more and eager to tell our parents about our journey to Almeira.
